Todo llega con retraso
Entre que se hace el trabajo y la oficina se entera pasan horas o días, y la factura no puede salir antes que el parte.
Hay un tipo de empresa que conocemos especialmente bien: la que tiene gente en la oficina, gente en la calle y una cadena que va desde que entra una llamada hasta que se cobra la factura. Si eso es lo tuyo, esto te va a sonar.
Lo llamas aviso, obra, pedido u orden de taller según a qué te dediques. Pero debajo siempre hay lo mismo: alguien pide algo, hay que decirle cuánto cuesta, hay que comprar material, hay que mandar a una persona, hay que dejar constancia de lo que se hizo y hay que cobrarlo.
Y casi siempre se rompe por los mismos sitios: la información que solo está en el móvil de una persona, el presupuesto que nadie sabe si se aceptó, el material que se compró y no se repercutió, el parte que llega tres días tarde y la factura que sale una semana después de terminar el trabajo.
Esa es la diferencia de fondo con una empresa que trabaja sentada. Aquí la información de la que depende todo lo demás —qué se ha hecho, cuánto material se ha gastado, cuánto tiempo se ha tardado, qué ha quedado pendiente— la genera alguien que en ese momento está en una cubierta, en un cuadro eléctrico o dentro de una furgoneta. No delante de un ordenador.
Entre que se hace el trabajo y la oficina se entera pasan horas o días, y la factura no puede salir antes que el parte.
Una en la libreta o el móvil del técnico, otra en el programa. Y la segunda la hace quien no estuvo allí.
El desplazamiento extra, el material que se acabó gastando, la hora de más. Si no queda registrado en el momento, no aparece en ninguna factura.
Se sabe lo que se facturó. Lo que costó de verdad, entre horas y materiales, casi nunca.
La mayoría de programas de gestión están pensados para que todo el mundo trabaje dentro del mismo edificio. Cuando media plantilla está fuera, esa suposición se rompe por varios sitios a la vez.
Trabajamos también con otras pymes cuando el problema encaja. Lo que decimos de estos cuatro es que sus procesos los conocemos bien y no hace falta que nos los expliques desde cero.
Trabajamos con talleres, distribuidoras, empresas de servicios, despachos y comercio, entre otros. La diferencia es que en esos casos empezamos preguntando cómo funciona tu proceso, mientras que en los cuatro de arriba ya nos lo sabemos. No es un requisito para trabajar juntos: es tiempo que te ahorras en la primera conversación.
Si tienes oficina, gente trabajando fuera y una cadena que va del aviso al cobro, sí. Lo que cambia es que empezaremos preguntándote cómo funciona tu proceso, en vez de dártelo ya sabido. No es un requisito: es tiempo que te ahorras en la primera conversación.
No necesariamente, y muchas veces no conviene. Un programa que conoce tu oficio suele saber cosas que un sistema general no sabe. Lo habitual es conectarlo con el resto en vez de sustituirlo; y si no permite conectarse de ninguna forma, te lo decimos, porque entonces la conversación es otra.
No. De hecho cuanto más pequeña es la empresa, más se nota que una persona lleve a la vez presupuestos, partes, facturas y cobros. El planteamiento cambia en el tamaño del proyecto, no en si tiene sentido.
Solo si les ahorra trabajo desde el primer día. Si un técnico tiene que rellenar más cosas que antes, no lo va a usar y el sistema entero se cae. Por eso se empieza por quitarle pasos, no por añadírselos.
La atención presencial es Valencia y su área metropolitana. El software, la automatización y el soporte remoto los damos en toda España: para eso la distancia no cambia nada.
Cuéntanos cómo trabajáis hoy y te decimos qué conviene ordenar primero.