Cuatro obras abiertas, cuatro cabezas
El estado real de cada obra lo sabe quien la lleva. Preguntar cómo va algo significa llamar a alguien.
Instaladoras que trabajan para empresas, naves, industria, comercios y comunidades. Varias obras abiertas a la vez, material que se compra sobre la marcha, horas que se apuntan en una libreta y un margen que solo aparece cuando cierras el mes.
Instaladoras que trabajan para empresas, naves, industria, comercios y comunidades. Varias obras abiertas a la vez, material que se compra sobre la marcha, horas que se apuntan en una libreta y un margen que solo aparece cuando cierras el mes.
El estado real de cada obra lo sabe quien la lleva. Preguntar cómo va algo significa llamar a alguien.
Se compra al distribuidor sobre la marcha y después hay que acordarse de a qué obra iba cada albarán.
Cada técnico lleva las suyas como puede. Cuando llegan a administración, ya nadie recuerda si aquella tarde fue de la obra A o de la B.
El presupuesto se hizo en una hoja de cálculo y la factura se hace en otro programa, copiando a mano lo que se aprobó.
Certificados, boletines, esquemas y fotos de la instalación: un poco en el correo, un poco en una carpeta y un poco en el móvil de alguien.
Sabes si una obra ha salido bien al cerrar el mes, o el trimestre. Para entonces ya has presupuestado tres más con el mismo criterio.
Cada paso que se lleva a mano es un día más hasta la factura.
Llega una petición de una empresa, una ingeniería o una propiedad.
Se estudia, se miden partidas y se calcula material, horas y margen.
Se aprueba —a veces con cambios— y arranca la obra.
Se compra al distribuidor y hay que imputarlo a la obra correcta.
Se reparte el equipo entre las obras abiertas y las urgencias.
Se ejecuta, con los cambios y ampliaciones que aparecen por el camino.
Horas, materiales y trabajos realizados de cada jornada.
Certificados, boletines, esquemas y fotos que hay que entregar.
Total o por hitos, según lo acordado.
Con sus plazos, sus retenciones y su seguimiento.
Si el material y las horas no se cargan a una obra en el momento, la rentabilidad de esa obra es una estimación, no un dato.
Lo que se amplía durante la obra se acuerda de palabra y se factura si alguien lo recuerda. Ahí se va el margen.
Entregar la documentación de una instalación no debería costar media mañana de buscar en tres sitios.
Facturar por fases exige saber exactamente qué está ejecutado. Cuando eso se lleva a mano, se factura tarde.
La pregunta que más cuesta contestar en una instaladora no es cuánto se ha facturado, sino cuánto se ha ganado en cada obra. Cuando ese dato tarda un trimestre, presupuestas a ciegas: repites el precio que te salió bien sin saber si salió bien. Cuando tardas una semana, corriges.
No hace falta empezarlo todo a la vez. Se ordena por lo que más te esté costando hoy.
Cambia bastante, y es el caso para el que está pensada esta página. El trabajo B2B tiene presupuestos por partidas, cambios de alcance durante la obra, certificaciones por hitos, documentación que hay que entregar y plazos de cobro largos. Nada de eso aparece en una instalación residencial.
Solo si les quita trabajo en vez de dárselo. Un parte digital que tarda más que el de papel no lo usa nadie, y con razón. Lo primero que miramos es qué información ya se genera hoy y cómo aprovecharla sin pedir el doble.
En muchos casos sí, y suele ser el primer paso: conectar lo que ya compras y lo que ya apuntas para que se cargue a la obra correcta. No hace falta cambiarlo todo a la vez para empezar a ver el dato.
Es una de las partes que más se agradece ordenar: que certificados, esquemas y fotos queden asociados a su obra y a su cliente, y que entregarlos sea buscar en un sitio en lugar de en tres.
Sin tecnicismos y sin compromiso: nos explicas cómo va el proceso y te decimos qué conviene ordenar primero.